Aquí esta la primera parte del relato por si gustan leerlo, ya lo corregí, por que tenía algunos horrores ortografícos.
Y acontinuación les dejo el Desenlace.
Pasarón aproximadamente 2 años, Catalina estaba segura -más que nunca- de su sexualidad, sentía que era una parte de ella que no podía reprimir y que tenía que comunicarselo al mundo entero a pesar de sus consecuencías, Andrea ahora vivía en la capital, y él le decía que por lo menos esperara a terminar la prepa, para así poder confesarselo a sus padres. Pero ella no podía ocultarlo más, y con mayor razón ahora que se sentía libre de culpas, y lo veía como algo natural. Lo pensó un poco e hizo todo lo posible por guardar ese secreto tres meses más; se decía a ella misma: "Al cabo que ya sólo faltan tres meses para salir de la prepa" y así fue como lo logró. Sus padres habían vuelto a confiar en ella, incluso ya toleraban que ella no fuera a misa los domingos, pues ellos se decían: "Es algo pasajero, cuando crezca un poco más, ella retomará su espiritualidad y creerá como cuando era niña: por Fé ciega y sin cuestionarse". Si bien Catalina creía en Dios, era a su muy personal manera, ya que ella lo veía como alguien justo y bondadoso, no como alguien vengativo y prejuicioso; a final de cuentas "El Hombre creó a Dios a su imagen y semejanza", ¿o no?.
Una semana después de la cena de graduación, Catalina se armó de valor y le contó lo que sentía a su madre, ésta se infartó y la abofeteó, dijo que ella ya no era su hija, ni lo volvería a ser jamás, le dijó que hablaría con su padre, para que la llevara a un monasterio, donde tal vez le ayudarían a sanar su mente y a salvar su alma de semejante abominación. Catalina llorando le dijo a su madre que la perdonara, pero que ese era su sentir, su forma natural de ser y de existir y que no lo reprimiría ya nunca, y sobre todo le dejó bien claro que no estaba enferma, que así se nacía y no había forma de evitarlo. Posteriormente Catalina subió a su cuarto y empacó sus cosas, le llamó a Andrea para contarle brevemente la reacción de su madre, y le preguntó si se podía quedar con él, este le dijo que sí ,pero que tratara de tranquilizarse. En un descuido, mientras su madre sollozaba y hablaba por télefono -probablemente con el padre de Catalina-, se echó en hombros cuatro maletas con sus cosas y todos sus ahorros, y salió corriendo de su casa, luego tomó el primer taxi que vió, y partió a la Capital, y desde entonces no ha vuelto a su hogar.
En la Capital casí llegando, gracías a Andrea, consiguió trabajo en un campamento de verano, como maestra de música, luego fué contratada por la misma academía de música que había organizado el campamento, como maestra de piano, la paga no estaba mal con eso logró inscribirse en la Universidad, y así se ha estado costeando los estudios. Sé que aun le duele el rechazo de su familia, pues nunca se enteró de que la buscaran o intentaran contactarla. Yo la conocí en una fiesta, nos hicimos personas cercanas y al poco tiempo me contó su historía, quizá su vida fue más trágica, pero ella prefiere olvidar.
No se como sus padres decidierón no ver más allá de la confesión de Catalina, ella es un bello ser un tanto atormentado que sólo irradia luz y felicidad, ella es creatividad, es un ángel de humanidad. Su simetría preciosa y exquisita que parece una ensoñación. Su ingenuidad virginal. Su largo cabello rizado, sus bellisimos ojos verdes que miran con timidez, su pequeña y perfecta boca, y su nívea y cálida piel. Todo eso y más es lo que amo de ella.
Mi nombre es Sofía, y soy su novía.
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miércoles, 3 de marzo de 2010
domingo, 14 de febrero de 2010
Regalo....
Como regalo de San Valentín les dejo esto...
Espero que les agrade, la canción lo dice todo.
y no se les olvide opinar sobre mi relato, esta más abajito...
Espero que les agrade, la canción lo dice todo.
y no se les olvide opinar sobre mi relato, esta más abajito...
Breve relato sobre Catalina. (Primera Parte)
El invierno parece interminable, mis piernas no lo soportarán más, se me acalambran y apenas si me permiten caminar. Espero el camión (bus) en la parada, como cualquier otro día; mi boca suelta vaho caliente contra el viento, volteo hacia la acera de enfrente y ella viene cruzando la avenida, veo en ella ese toque angelical que a diario admiro por las mañanas, su sonrisa ilumina mis dias más sombrios, ella es el ser perfecto que jamás creí llegar a conocer, se dá cuenta de que la observo y me saluda sacudiendo su mano enguantada al aire. Cuando se aproxima la saludo con un beso en su dulce mejilla, y me sonrie. Catalina, ese es el nombre del bello ser que idolatro. Catalina creció en una ciudad pequeña, de familia religiosa hasta los huesos, niña bien, muy culta, educada en el mejor colegio de aquella ciudad -por supuesto que por monjas estrictas-, habla francés y conoce bien el latín escrito, toca muy bien el piano -aprendió a tocar en Bellas Artes (México, D.F.) en las vacaciones de su infancia, instruida por una maestra de apellido "Blanca"-, y sus padres no le permitierón romper ni un plato... hasta que ella decidió romperlos al llegar a la adolescencia, a pesar de que fue tachada de atea y de hija pródiga, sólo por que no quiso ir a la aburrida misa dominical, e incluso las monjas, les recomendaron a sus padres buscar a un sacerdote exorsista, "antes de que sea tarde" dijerón ellas.
Lo más deprimente para Catalina fue cuando ella notó que no podia ocultar más su homosexualidad, pero creia que si se lo contaba a su madre, ésta pensaría que ella era una abominación. Catalina misma se rompía la cabeza pensando que era una enferma, que eso no estaba en la ley de Dios, que se condenaria por sentir esa atracción y bienestar que de vez en cuando le producia una que otra femina adolescente; tambien creia que sus amigas la verian con asco y le dejarian de hablar, pues a final de cuentas le habian inculcado desde la cuna, que ese tipo de sentimientos eran más que prohibidos, pues era un pecado mortal según sus creencias familiares. Un día pensó que si a final de cuentas ya tenia ganado el infierno, pués deshacerse ella misma de su vida, no le haría cambiar su destino, así fue como intento cruzar la linea blanca, para tratar de llegar hacia la linea negra.
Por fortuna fue llevada a tiempo al hospital, donde un médico evitó, que ella llegara hasta la linea negra. Ahí conoció a Andrea, un enfermero, quien pronto se hizo amigo de Catalina -y él fue la unica persona en quien ella confió, por lo menos en esos tiempos-. Al estar en observación médica, Catalina le confesó a Andrea las razones que tuvo para tomar esa decisión. Casualmente Andrea era homosexual tambien, él le contó su historia propia a Catalina y le ayudó a entender su homosexualidad, le hizo ver que no estaba enferma y que si bien, no todo es fácil para una persona homosexual, lo que importa es defender sus derechos de amar a quien uno quiera y no dejarse vencer por mucho que dure la tormenta. Todo eso ocurrió cuando ella tenia 16 años. Catalina no estaba lista para contarles sus preferencias a sus padres, pensó que lo haría hasta que sus padres volvieran a confiar en ella y si es que ellos la amaron alguna vez, la amarian tal cual, sin quererla cambiar, y que tarde o temprano la aceptarian como es. Ella se aferró a esa idea, a ese escenario imaginario en el que veía a sus padres sentados a la mesa, vistiendo de gala, mientras ella les presentaba a el amor de su vida: una chica; cuyo rostro aún desconocia.
Lo más deprimente para Catalina fue cuando ella notó que no podia ocultar más su homosexualidad, pero creia que si se lo contaba a su madre, ésta pensaría que ella era una abominación. Catalina misma se rompía la cabeza pensando que era una enferma, que eso no estaba en la ley de Dios, que se condenaria por sentir esa atracción y bienestar que de vez en cuando le producia una que otra femina adolescente; tambien creia que sus amigas la verian con asco y le dejarian de hablar, pues a final de cuentas le habian inculcado desde la cuna, que ese tipo de sentimientos eran más que prohibidos, pues era un pecado mortal según sus creencias familiares. Un día pensó que si a final de cuentas ya tenia ganado el infierno, pués deshacerse ella misma de su vida, no le haría cambiar su destino, así fue como intento cruzar la linea blanca, para tratar de llegar hacia la linea negra.
Por fortuna fue llevada a tiempo al hospital, donde un médico evitó, que ella llegara hasta la linea negra. Ahí conoció a Andrea, un enfermero, quien pronto se hizo amigo de Catalina -y él fue la unica persona en quien ella confió, por lo menos en esos tiempos-. Al estar en observación médica, Catalina le confesó a Andrea las razones que tuvo para tomar esa decisión. Casualmente Andrea era homosexual tambien, él le contó su historia propia a Catalina y le ayudó a entender su homosexualidad, le hizo ver que no estaba enferma y que si bien, no todo es fácil para una persona homosexual, lo que importa es defender sus derechos de amar a quien uno quiera y no dejarse vencer por mucho que dure la tormenta. Todo eso ocurrió cuando ella tenia 16 años. Catalina no estaba lista para contarles sus preferencias a sus padres, pensó que lo haría hasta que sus padres volvieran a confiar en ella y si es que ellos la amaron alguna vez, la amarian tal cual, sin quererla cambiar, y que tarde o temprano la aceptarian como es. Ella se aferró a esa idea, a ese escenario imaginario en el que veía a sus padres sentados a la mesa, vistiendo de gala, mientras ella les presentaba a el amor de su vida: una chica; cuyo rostro aún desconocia.
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