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sábado, 9 de abril de 2011

Una niña perversa

Autor: Jehanne Jean-Charles

Esta tarde empujé a Arturo a la fuente. Cayó en ella y se puso a hacer gluglú con la boca, pero también gritaba y fue oído. Papá y mamá llegaron corriendo. Mamá lloraba porque creía que Arturo se había ahogado. Pero no era así. Ha venido el doctor. Arturo está ahora muy bien. Ha pedido pastel de mermelada y mamá se lo ha dado. Sin embargo, eran las siete, casi la hora de acostarse, cuando pidió pastel, y a pesar de eso mamá se lo dio. Arturo estaba muy contento y orgulloso. Todo el mundo le hacía preguntas. Mamá le preguntó cómo había podido caerse, si se había resbalado, y Arturo ha dicho que sí, que se tropezó. Es gentil que haya dicho eso, pero yo sigo detestándolo y volveré a hacerlo a la primera ocasión.
Por lo demás, si no ha dicho que lo empujé yo, quizá sea sencillamente porque sabe muy bien que a mamá la horrorizan las delaciones. El otro día, cuando le apreté el cuello con la cuerda de saltar y se fue a quejar con mamá diciendo: “Elena me ha hecho esto”, mamá le ha dado una terrible palmada y le ha dicho: “¡No vuelvas a hacer una cosa así!” Y cuando llegó papá ella se lo ha contado y papá también se puso furioso. Arturo se quedó sin postre. Por eso comprendió, y esta vez, como no ha dicho nada, le han dado pastel de mermelada. Me gusta enormemente el pastel de mermelada: se lo he pedido a mamá yo también, tres veces, pero ella ha puesto cara de no oírme. ¿Sospechará que yo fui la que empujó a Arturo?
Antes, yo era buena con Arturo, porque mamá y papá me festejaban tanto como a él. Cuando él tenía un auto nuevo, yo tenía una muñeca, y no le hubieran dado pastel sin darme a mí. Pero desde hace un mes, papá y mamá han cambiado completamente conmigo. Todo es para Arturo. A cada momento le hacen regalos. Con esto no mejora su carácter. Siempre ha sido un poco caprichoso, pero ahora es detestable. Sin parar está pidiendo esto y lo otro. Y mamá cede casi siempre. A decir verdad, creo que en todo un mes sólo lo han regañado el día de la cuerda de saltar, y lo raro es que esta vez no era culpa suya.
Me pregunto por qué papá y mamá, que me querían tanto, han dejado de repente de interesarse en mí. Parece que ya no soy su niñita. Cuando beso a mamá, ella no sonríe. Papá tampoco. Cuando van a pasear, voy con ellos, pero continúan desinteresándose de mí. Puedo jugar junto a la fuente lo que yo quiera. Les da igual. Sólo Arturo es gentil conmigo de cuando en cuando, pero a veces se niega a jugar conmigo. Le pregunté el otro día por qué mamá se había vuelto así conmigo. Yo no quería hablarle del asunto, pero no pude evitarlo. Me ha mirado desde arriba, con ese aire burlón que toma adrede para hacerme rabiar, y me ha dicho que era porque mamá no quiere oír hablar de mí. Le dije que no era verdad. El me dijo que sí, que había oído a mamá decirle eso a papá y que le había dicho: “No quiero oír hablar nunca de ella”.
Ese fue el día que le apreté el cuello con la cuerda. Después de eso, yo estaba tan furiosa, a pesar de la palmada que él había recibido, que fui a su recámara y le dije que lo mataría.
Esta tarde me ha dicho que mamá, papá y él iban a ir al mar, y que yo no iría. Se rió y me hizo muecas. Entonces lo empujé a la fuente.
Ahora duerme y papá y mamá también. Dentro de un momento iré a su recámara y esta vez no tendrá tiempo de gritar, tengo la cuerda de saltar en las manos. El la olvidó en el jardín y yo la tomé.
Con esto, se verán obligados a ir al mar sin él. Y luego me iré a acostar sola, al fondo de ese maldito jardín, en esa horrible caja blanca donde me obligan a dormir desde hace un mes.


Cuento del libro:
 Les plumes du corbeau autres nouvelles cruelles.

viernes, 21 de mayo de 2010

Memorias Nocturnas: Ensoñación, Espejismo & Ataduras.

El reloj del monitor dicta las 2 de la madrugada, lo sé, estoy cansada, pero tengo cosas q hacer... ¿cosas que hacer?, así es, tengo cosas por planear en mi mente; estoy desesperada, me siento como una fracasada, he desperdiciado años valiosos de mi vida, y ni si quiera a ciencia cierta sé en que o por que me lo he permitido, mis sueños más preciados son los fantasmas que corren detrás de mí, creo que me acechan, por el simple hecho de haberlos soñado y ahora no dejarlos nacer, por no dejarles existir; supongo que soy mala por eso.
¿Cómo hacer para levantarte un buen día, con aspiraciones nuevas y frescas, con verdaderas ganas de dejar atrás los vicios del vivir que te arrastran hacia un abismo negro? ¿Cómo levantarte del suelo si no sabes como, si sientes que algo en el mundo te oprime y te juzga, y no te permite continuar? ¿Cómo dejar atrás o elegir ideas de tu identidad y de tu existir, si los espectros de tu personalidad son polos opuestos y constantemmente se contradicen?
¿Sola o acompañada? ¿libre o atada? ¿culta o miserable? ¿sumisa o complaciente?

 Memoria (o escrito) incompleto (& hueco), como todos los ciclos de mi vida.

viernes, 12 de marzo de 2010

REMINISCENCIA: Crisis de una virgen.



En algún espacio remoto del corazón,
donde ese dolor aparece cada noche,
comienza a nacer la voz de una nueva ilusión,
creo que finalmente veo partir esos mares que llegaron ayer,
y que nunca esperé se marcharian...
me parece ver a lo lejos, por allá por donde nace el día,
algunos vientos de esperanza y de fé en el mañana,
ellos se acercan a mi rostro, me susurran en un cántico al oido lentamente:
Que crea en mi perceptivilidad de que vendran tiempos mejores.

miércoles, 10 de marzo de 2010

Lluvia Íntima


Las calles de mi alma andan desarropadas. La emoción va desnuda tras la sombra acostada del anhelo. Hay vientos azotando cercano a mi conciencia.

El cielo de mi mente amenaza estallar, para soltar el hondo dolor amontonado en noches inocentes sobre el otro dolor de ser ola sin playa donde reposar lágrimas.

Mi dolor va vendado de llanto entre mis ojos busca mares de espíritu donde navegar íntimos motivos de tragedia, quiere crecer, crecer, hasta doblarme el grito, y derrumbarme en ecos por la tierra.
 
Julia De Burgos

miércoles, 3 de marzo de 2010

Breve relato sobre Catalina. (Segunda Parte) Desenlace.

Aquí esta la primera parte del relato por si gustan leerlo, ya lo corregí, por que tenía algunos horrores ortografícos.
Y acontinuación les dejo el Desenlace.

Pasarón aproximadamente 2 años, Catalina estaba segura -más que nunca- de su sexualidad, sentía que era una parte de ella que no podía reprimir y que tenía que comunicarselo al mundo entero a pesar de sus consecuencías, Andrea ahora vivía en la capital, y él le decía que por lo menos esperara a terminar la prepa, para así poder confesarselo a sus padres. Pero ella no podía ocultarlo más, y con mayor razón ahora que se sentía libre de culpas, y lo veía como algo natural. Lo pensó un poco e hizo todo lo posible por guardar ese secreto tres meses más; se decía a ella misma: "Al cabo que ya sólo faltan tres meses para salir de la prepa" y así fue como lo logró. Sus padres habían vuelto a confiar en ella, incluso ya toleraban que ella no fuera a misa los domingos, pues ellos se decían: "Es algo pasajero, cuando crezca un poco más, ella retomará su espiritualidad y creerá como cuando era niña: por Fé ciega y sin cuestionarse". Si bien Catalina creía en Dios, era a su muy personal manera, ya que ella lo veía como alguien justo y bondadoso, no como alguien vengativo y prejuicioso; a final de cuentas "El Hombre creó a Dios a su imagen y semejanza", ¿o no?.

Una semana después de la cena de graduación, Catalina se armó de valor y le contó lo que sentía a su madre, ésta se infartó y la abofeteó, dijo que ella ya no era su hija, ni lo volvería a ser jamás, le dijó que hablaría con su padre, para que la llevara a un monasterio, donde tal vez le ayudarían a sanar su mente y a salvar su alma de semejante abominación. Catalina llorando le dijo a su madre que la perdonara, pero que ese era su sentir, su forma natural de ser y de existir y que no lo reprimiría ya nunca, y sobre todo le dejó bien claro que no estaba enferma, que así se nacía y no había forma de evitarlo. Posteriormente Catalina subió a su cuarto y empacó sus cosas, le llamó a Andrea para contarle brevemente la reacción de su madre, y le preguntó si se podía quedar con él, este le dijo que sí ,pero que tratara de tranquilizarse. En un descuido, mientras su madre sollozaba y hablaba por télefono -probablemente con el padre de Catalina-, se echó en hombros cuatro maletas con sus cosas y todos sus ahorros, y salió corriendo de su casa, luego tomó el primer taxi que vió, y partió a la Capital, y desde entonces no ha vuelto a su hogar.

En la Capital casí llegando, gracías a Andrea, consiguió trabajo en un campamento de verano, como maestra de música, luego fué contratada por la misma academía de música que había organizado el campamento, como maestra de piano, la paga no estaba mal con eso logró inscribirse en la Universidad, y así se ha estado costeando los estudios. Sé que aun le duele el rechazo de su familia, pues nunca se enteró de que la buscaran o intentaran contactarla. Yo la conocí en una fiesta, nos hicimos personas cercanas y al poco tiempo me contó su historía, quizá su vida fue más trágica, pero ella prefiere olvidar.
No se como sus padres decidierón no ver más allá de la confesión de Catalina, ella es un bello ser un tanto atormentado que sólo irradia luz y felicidad, ella es creatividad, es un ángel de humanidad. Su simetría preciosa y exquisita que parece una ensoñación. Su ingenuidad virginal. Su largo cabello rizado, sus bellisimos ojos verdes que miran con timidez, su pequeña y perfecta boca, y su nívea y cálida piel. Todo eso y más es lo que amo de ella.
Mi nombre es Sofía, y soy su novía.

domingo, 14 de febrero de 2010

Breve relato sobre Catalina. (Primera Parte)

El invierno parece interminable, mis piernas no lo soportarán más, se me acalambran y apenas si me permiten caminar. Espero el camión (bus) en la parada, como cualquier otro día; mi boca suelta vaho caliente contra el viento, volteo hacia la acera de enfrente y ella viene cruzando la avenida, veo en ella ese toque angelical que a diario admiro por las mañanas, su sonrisa ilumina mis dias más sombrios, ella es el ser perfecto que jamás creí llegar a conocer, se dá cuenta de que la observo y me saluda sacudiendo su mano enguantada al aire. Cuando se aproxima la saludo con un beso en su dulce mejilla, y me sonrie. Catalina, ese es el nombre del bello ser que idolatro. Catalina creció en una ciudad pequeña, de familia religiosa hasta los huesos, niña bien, muy culta, educada en el mejor colegio de aquella ciudad -por supuesto que por monjas estrictas-, habla francés y conoce bien el latín escrito, toca muy bien el piano -aprendió a tocar en Bellas Artes (México, D.F.) en las vacaciones de su infancia, instruida por una maestra de apellido "Blanca"-, y sus padres no le permitierón romper ni un plato... hasta que ella decidió romperlos al llegar a la adolescencia, a pesar de que fue tachada de atea y de hija pródiga, sólo por que no quiso ir a la aburrida misa dominical, e incluso las monjas, les recomendaron a sus padres buscar a un sacerdote exorsista, "antes de que sea tarde" dijerón ellas.
Lo más deprimente para Catalina fue cuando ella notó que no podia ocultar más su homosexualidad, pero creia que si se lo contaba a su madre, ésta pensaría que ella era una abominación. Catalina misma se rompía la cabeza pensando que era una enferma, que eso no estaba en la ley de Dios, que se condenaria por sentir esa atracción y bienestar que de vez en cuando le producia una que otra femina adolescente; tambien creia que sus amigas la verian con asco y le dejarian de hablar, pues a final de cuentas le habian inculcado desde la cuna, que ese tipo de sentimientos eran más que prohibidos, pues era un pecado mortal según sus creencias familiares. Un día pensó que si a final de cuentas ya tenia ganado el infierno, pués deshacerse ella misma de su vida, no le haría cambiar su destino, así fue como intento cruzar la linea blanca, para tratar de llegar hacia la linea negra.
Por fortuna fue llevada a tiempo al hospital, donde un médico evitó, que ella llegara hasta la linea negra. Ahí conoció a Andrea, un enfermero, quien pronto se hizo amigo de Catalina -y él fue la unica persona en quien ella confió, por lo menos en esos tiempos-. Al estar en observación médica, Catalina le confesó a Andrea las razones que tuvo para tomar esa decisión. Casualmente Andrea era homosexual tambien, él le contó su historia propia a Catalina y le ayudó a entender su homosexualidad, le hizo ver que no estaba enferma y que si bien, no todo es fácil para una persona homosexual, lo que importa es defender sus derechos de amar a quien uno quiera y no dejarse vencer por mucho que dure la tormenta. Todo eso ocurrió cuando ella tenia 16 años. Catalina no estaba lista para contarles sus preferencias a sus padres, pensó que lo haría hasta que sus padres volvieran a confiar en ella y si es que ellos la amaron alguna vez, la amarian tal cual, sin quererla cambiar, y que tarde o temprano la aceptarian como es. Ella se aferró a esa idea, a ese escenario imaginario en el que veía a sus padres sentados a la mesa, vistiendo de gala, mientras ella les presentaba a el amor de su vida: una chica; cuyo rostro aún desconocia.

lunes, 21 de diciembre de 2009

Encerrada

Esta noche es la fiesta de la tan aclamada por otros, cómo mi presentación a la sociedad; finalmente he llegado a la mayoría de edad. Mi padre un excelente cirujano de renombre, mi madre una psiquiatra reconocida, encerrada en la falacia de un cuento de hadas.
Más de una vez, he intentado encontrar el lado amable de ser una niña rica, visto las mejores prendas, llevo sobre mi piel los aromas más exquisitos, mis pies calzan las pieles mas finas que cualquier otra pueda desear; pero de que me sirve todo eso, si estoy sola, si cada día siento que muero un poco y de a poco, si siento que esta vida de lujo, y fiestas me asfixia, si muero por gritar y ser escuchada, más sin embargo sé que nadie lo haría.
Estoy harta de ser una muñeca, un titere común, que todos manejan a su antojo. Que si mi padre quiere que le sonria al hijo de algún embajador, que si mi madre quiere que le hable bonito al joven más rico, de cada fiesta a la que asistamos; que si mi profesor de arte se propasa un poco, y posteriormente al rechazarlo me chantajea para que no lo divulgue; que si mi mejor amiga siente celos de mí, cuando el tipo más guapo (y adinerado) del colegio me manda rosas, cuando yo ni si quiera lo hago en el mundo.... Me siento asqueada de tantas hipocresías, de tanta supeficialidad, de estar luchando siempre -silenciosamente-, contra alguien más, tan solo por esperar la aprobación de si soy digna de formar parte de la alta sociedad. La Alta Sociedad de ¿qué?, de un sueño vacio, frívolo y vendido; de gente que vive a costa de la gente pobre, de esa gente que si trabaja; a costa de la gente que no come, y de los niños y ancianos enfermos, que mueren en los hospitales, cuyos cuerpos no merecian tan trágico final.



En este momento llueve ligero, siento el viento sobre mi piel, ahora mismo parto de ese lugar que me enferma, con lágrimas de esperanza sobre mis mejillas, prefiero morir de hambre con mentalidad y moralidad humana, en circunstancias inhumanas y precarias; que rica y con una moral inhumana, al dejar que otros se sacrifiquen y fallezcan por un simple capricho o complacencia propio.

miércoles, 18 de noviembre de 2009

¡No se duerma en el metro!

Autor: Mario Méndez Acosta

Hay cosas en la vida, y eso incluye a esta ciudad de México, que más vale que nunca averigüemos. La ignorancia nos permite dormir con placidez en la noche, y concentrarnos en nuestros respectivos trabajos. Por ejemplo: ¿se ha preguntado usted qué les sucede a las personas que se quedan dormidas en el Metro, cuando éste llega a la terminal de una línea, lo que causa que no escuchen las advertencias que les piden abandonar el vagón y sigan adelante en el mismo, adentrándose en un profundo túnel oscuro que aparentemente no lleva a ninguna parte? La verdad es que esa es una de las cosas que en realidad no nos conviene averiguar, si es que queremos mantener la ilusión de que vivimos en un universo nacional.
Sin embargo, no está de más tomar algunas precauciones sencillas, que bien pueden evitarnos experiencias en verdad lamentables. Una de ellas es la de no dormirse nunca en el Metro, en especial, después de la puesta del sol.
Para Arturo Marquina, periodista ya no tan joven, y autor ocasional de relatos de ciencia ficción, cuentos de horror y novelitas policíacas nunca publicadas, su descuido le produjo un extraño desarreglo que sus amigos califican casi de locura. Se niega Arturo, quien es una persona sensata, racional y de buen humor, a acercarse siquiera a las entradas del Metro. Se rehúsa también a pasar por encima de las ventilas o registros del sistema de transporte colectivo de esta capital. En eso puede ponerse hasta agresivo y desagradable. Marquina se niega a hablar de esa extraña fobia que le aqueja. Siempre logra desviar la conversación cuando se le interroga al respecto. Sólo una vez, en una cantina de Bucareli, después de varias horas de consumo y animada conversación, llegó un momento en que se puso serio e hizo una advertencia a uno de los amigos que le dijo que utilizaba el Metro cotidianamente, y en especial a altas horas de la noche.
“¿Llegas a alguna terminal a esas horas?”, preguntó Arturo. Ante la respuesta afirmativa, nuestro amigo abandonó su discreción. “¿Tú sabes lo que le ocurre a las personas que se quedan dormidas en los vagones que siguen avanzando después de la última estación?”. –“La verdad, no”-, repuso el compañero. “Yo sí lo sé”, continuó Arturo. “Esto que te voy a contar no es un cuento, te pido que me lo creas, por tu bien. Nunca lo repetiré ante ustedes”.

“Fue justo hace un año. Serían cerca de las 11:00 y salía yo del trabajo después de un día durísimo. Tomé el Metro en la estación Hidalgo, y me dirigí hacia Tacuba. Ahí transbordé hacia Barranca del Muerto. Ya a esa hora, el Metro va casi vacío. Cerca de Tacubaya me quedé dormido. El tren llegó sin duda a la terminal, sin que yo despertara. No oí la distorsionada voz que de advertencia sale del sistema de sonido, ni el insistente pitido del silbato electrónico que anuncia las paradas. Unos segundos después, cuando ya el vagón se dirigía hacia el inquietante túnel que continúa el trayecto, alcancé a ver el letrero y la insignia de mi estación de destino, la cual quedaba atrás. Con preocupación y fastidio, pude ver que no iba sólo. Unos asientos más adelante iba un tipo viejo y desastrado, en evidente estado de ebriedad, que seguía dormido y cabeceaba con cierto ritmo. Pensé que quizá el tren cambiaría de vía y regresaría por el mismo trayecto en unos instantes más. Pero no fue así. El vagón siguió adelante, se desvió hacia la derecha y después de avanzar varias decenas de metros, hizo alto en un lugar totalmente oscuro. El motor se detuvo, y lo mismo la ventilación. El silencio más absoluto cayó sobre nosotros. Fue entonces cuando las luces se apagaron. Ahí empecé a sentir algo de miedo. Había un poco de claridad, proveniente de la parte posterior del túnel. Por fortuna traía mi linterna de bolsillo, y además ésta tenía pilas. Me paré y me dirigí a mi aún dormido compañero de tribulación. Me acerqué a él y lo sacudí por el hombro. Me preguntó qué pasaba y rápidamente le expliqué nuestra situación. Respondió con una imprecación y puso su rostro contra la ventana para tratar de ver dónde nos hallábamos. 


Me di cuenta que este vagón se quedaría ahí toda la noche, por lo que me dispuse a tratar de forzar una de las puertas. Era inútil. Me convencí que sólo saltando a través de una de las ventanas podríamos salir del carro. Fue entonces cuando oí un ruido en el techo. Algo cayó encima del vagón y lo recorría. De pronto, se escuchó otro ruido en el extremo opuesto del carro. Dirigí el haz de mi linterna y pude ver una sombra que caía al suelo después de haber entrado por la ventana.
-¡Vaya, al fin!... ¡Oiga, necesitamos que nos ayude a salir!”-.
No hubo respuesta.
El borracho fue más directo. Avanzó hacia el intruso y lo tomó por las ropas.
-¡Sáquenos de aquí! ¡Esto es un atropello, malditos burócratas!-.
El extraño no respondió, sólo levantó una mano. A la luz de mi linterna pude ver que era blanca como la harina, delgada y fibrosa, y con unas larguísimas uñas que semejaban garras. Como un rayo, esa mano rasgó la garganta del pobre vagabundo. Fue entonces cuando vi el rostro del ser que tenía enfrente. Pálido, calvo, con enormes ojos amarillos, orejas largas, una nariz grotescamente respingada con dos protuberancias carnosas en la punta. Vi como abrió la boca llena de dispares y puntiagudos dientes, que pronto recibió el borbotón de sangre que salía del desafortunado pasajero. Fue en esos momentos cuando recibieron mis narices la patada del nauseabundo olor que despedía esa criatura. El espectáculo y el olor me hicieron de inmediato vomitar. En medio de las arcas de la basca, escuché otro ruido metálico detrás de mí. ¡Alguien más entraba al vagón por otra ventana! No esperé un segundo más. Me lancé hacia el primer intruso, que aún se cebaba en su víctima, y derribándolos a ambos llegué a la ventana por donde había penetrado el primer monstruo. Escuché un forcejeo detrás de mí, con el que sin duda el invisible perseguidor se habría paso también entre la pareja víctima-victimario que se interponía entre nosotros. Salté fuera del vagón y logré caer en el suelo sin dislocarme siquiera un tobillo. Emprendí la huída, como un poseso, hacia el extremo iluminado del túnel. Detrás de mí se dejaba oír un jadeo que acompañaba rítmicamente a un penetrante chillido.
La luz aumentaba poco a poco. Sentía que mi perseguidor rápidamente iba descontando ventaja. Decidí voltear la cabeza... y quizá eso sea lo que más me ha desgraciado la vida de toda esa experiencia. Vi a un ser similar al que había despedazado al pobre ebrio en el vagón, nada más que éste mostraba una regocijada sonrisa idiota. En la penumbra del túnel veía su tez, amarillo limón, y su larga frente con que se relamía con anticipación. Por fortuna, de frente llegaba otro tres de vagones del Metro. Salté a su paso y alcancé la parte central del túnel. Mi perseguidor no quiso hacer lo propio. Recorrí los últimos metros que me separaban ya de la iluminada estación. Al llegar a ella, subí al andén. Justo a tiempo. Unos metros atrás la criatura, que se había desplazado por el techo del túnel, asida de sus largas garras, tanto de manos como de pies, cayó detrás de mí y alcanzó a lanzarme un zarpazo a la pantorrilla”.
Arturo nos mostró una cicatriz, que aún dejaba ver las huellas de una prolongada infección que apenas había sido dominada.
“Ya en el andén, emprendí la carrera hacia la calle. No me detuve hasta llegar a mi departamento, donde atranqué la puerta y me refugié en un garrafón de mezcal.
Me expliqué por qué en los talleres del Metro se trapea y se friega con tanto esmero el piso de los vagones todas las mañanas. ¡No se duerman en el Metro! Si lo hacen, corren el peligro de, por lo menos, no volver a dormir nunca más con tranquilidad”.

Cuento leído por Clauzzen en "Hexen, el libro negro" de la estación Reactor 105. Source: Clauzzen.org

viernes, 6 de noviembre de 2009

Cuando la esperanza muere al último

Muy bien, de nueva cuenta otro año más, 19 inviernos de vida. Estoy molesta por que mi mejor amigo (léase mi hermano postizo) no me visita, no me llama, bueno, si lo hace, pero SÓLO el día de mi cumpleaños, ahorita es temprano, pero sé que me vendra a buscar por la tarde, hace más de un año que no lo veo, la última vez que hable con él, me molesté por una tontería. Adrián es mi mejor amigo desde la secundaria, como ya lo mencioné con anterioridad, él es cómo el hermano que jamás me dierón mis padres, siempre nos entendiamos a la perfección; entendiamos los silencios que haciamos ante otra persona, las miradas hablaban más que las palabras, él es un ser que quiero mucho, aunque aun estoy molesta por que le creyó más a otra persona que a mí!!!, eso es terrible, bueno, en realidad eso ya lo olvidé, pero me molesta que desde hace 3 años, sólo me dé un regalo en mi cumple, y ese sea el único día del año que lo puedo ver, mientras que él sabe que desearia que no me diera ningún regalo, pero si me diera más tiempo, aunque, tal parece que se ha olvidado de mí. Adrián no sabe que mis gustos han cambiado mucho, no sabe que la musica que escucho es otra, él no sabe que he madurado, que he tenido 3 novios, lo que eso equivale a que 3 veces me han roto el corazón y que él ni si quiera se ha enterado, es más, ni si quiera sabe que estoy molesta con él, y que el año pasado le pedí a mi mamá que le dijera (en mi cumple), que me habia ido de fiesta con los nuevos amigos, que conocí este año en la uni, cuando en realidad estaba escondida en la obscuridad de mi cuarto. No le respondí al mensaje que me mandó a mi cel, sólo para ver si se dignaba a llamarme y no lo hizo. Y con eso de que él suele perder facilmente los celulares, por lo tanto no es fácil localizarlo. Ya sé han de pensar: "¿Y por que no lo va a buscar a su casa?", pues créanme que lo he hecho, lo he buscado, no muchas veces, pero lo así ha sido y no lo he encontrado; él se la vive en el trabajo, lo malo es que no se donde trabaja, y su familia es muy cerrada, por lo tanto no me dirian, y a parte él tiene su casa propia, así es, a pesar de tener menos de 23 años, él ya posee su propia casa, aunque se la renta a su hermana, o eso fue lo último que supe.
Este año planeaba irme de viaje, por que sentia las ganas de depurarme, y creí que en fechas de mi cumpleaños, seria un buen autoregalo, pero luego pensé: "Quizá sea seguro, que me visite Adrián, mejor pospongo el viaje para año nuevo",  y aquí estoy,  mendigando su visita. Él sabía que mis gustos musicales eran un tanto radicales, pero no creo que le cruce por la mente, la idea de que soy gótica, así es ahora lo soy, mejor dicho ahora sé que lo soy. Quisiera compartirle tantas cosas nuevas que ha habido en su ausencia, cosas malas y buenas, las decepciones y las pérdidas, las grandes emociones y las tragedias. También estoy molesta, por que murió mi abuela el año pasado  y casí perdí a mi papá este año, sin embargo él no estubo allí. Aun así lo esperaré esta tarde, quiero verlo antes de partir, quiero contarle algo que mi madre no sabe. Tengo un extraño tumor cerebral, que está muy desarrollado, lo bueno de ello, es que no afecta mis actividades cotidianas, y desgraciadamente es maligno, lo descubrieron muy tarde, gracias a que un día tropecé y me dí un gran golpe en la cabeza, que me descalabró, y mis amigas insistierón que fuera al médico; así fue, aquel día el médico me hizo estudios y descubrió tal cosa en mi cabeza. Desafortunadamente, ya era tarde.

De cualquier forma creo que a veces, es necesario llorar en un hombro, pero no en un hombro cualquiera, si no en uno que realmente sienta tu dolor, en uno que te comprenda. Por lo tanto, creo que esperaré en la tarde a Adrián, en la puerta.

viernes, 30 de octubre de 2009

El Íncubo: Desenlace.

Perdón por la demora de la seguda parte, y por no visitar sus recintos, pero es que mi compu no colaboraba mucho conmigo, jeje, estube algo enferma, y otras dificultades técnicas, pero aquí se los dejo:

Cuando Marco se detubo a un lado de nosotros, Rafael le dijo:
- Te voy a prestar mi coche... -.
-¿Quieres que al rato lo lleve a tu casa? -.  Lo interrumpió Marco.
- No, no es necesario, dejáme que te diga rapidamente. Aquí estan las llaves del coche -Rafael las arrojó al aire, hacia donde se encontraba Marco-, me tengo que ir, por algo de familia, si quieres que te explique Jazmín, yo mañana a medio día, paso por el; de favor, sólo te pido que lleves a Jazzie a su casa más tarde, sólo eso -. Recalcó.
- Esta bien, no te preocupes, la dejaremos sana y salva en su casa -. ¡Je je!, las ironias de la vida...
- Gracias por el boleto -. Le dije a Rafael frente a frente.
- De nada Jazzie, lo importante es que te diviertas, así que vuelve allá dentro y a disfrutar sin excesos... -.
- ¡Me estas insultando! -dije aflijida, para luego agregar-...no claro que ya no beberé, sabes que no acostumbro tomar en exceso, hoy no he abusado aun, y descuida, no lo haré - Ajá.
- Bien, me parece. Te llamo, si hay noticias -dijo, para posteriormente besar mi frente... y susurrarme al oido- "Cuidate... te quiero"-.
A lo que sólo alcance a responder...
- Tambien cuidate, estaré al pendiente -y luego le besé entre la comisura del labio y la mejilla- ... ¡Adios! -. dije dulcemente y me alejé rápido, sin mirarle a los ojos.

Me acerqué a Marco, que esperaba atrás de nosotros -haciendo como si no nos mirara- y lo jalé del brazo con dirección hacia la entrada, despues, oí que Rafael caminaba y por lo tanto, crecia la distancia entre ambos. Al llegar a la entrada, yo me detube, así que giré sutilmente, para ver si él me miraba. En el instante en que voltee, él lo hizo tambien, y me dedicó una sonrisa de manera pícara, esa sonrisa de él, que de verdad me gustaba: con su hoyuelo a un costado de sus labios, por su mejilla derecha; esa sonrisa que parecia fundirse con la alegría de sus ojos. Ok, otra vez. Cada vez que lo describo así, me siento tan patética, pero la verdad siempre me atrajo, esa es la realidad, particularmente su sonrisa, por ello es, que la describo de esa manera...
Después de responderle la sorisa se volteó, y yo sólo accedí de nuevo al bar, aunque antes de eso, regalé otra sonrisa, esta vez al chico que cuida la entrada, -no me dijo nada cuando entré de nuevo, ya que él conocia bien a mis amigos, incluyendome, pues eramos clientes habituales del sitio, aunque quizá ese día, le hubiera sorprendido verme de nuevo allí-, el chico como respuesta, me guiñó el ojo, y yo mantube el paso, sin responder a ese coqueteo.

Ya adentro en el bar, Marco volvió al lado de Sophie, y yo me senté en la barra a pedir otra cerveza, Ágata se sentó junto a mi, y platicamos de cosas que habian ocurrido en mi viaje sideral. Como a eso de las 2:10, Alessa se acercó y se despidió de nosotras, ví que se iba en su bella moto, con una chica que antes ya habia visto allí, una chica de cabellera oscura y ondulante, de ojos azules. Luego, cuando Ágata fue a retocarse al baño, pedí otra cerveza más, noté que un tipo me sonreia demaciado, por lo tanto, eso me puso algo nerviosa, -pense para mis adentros, que el claustro, me habia sentado bien, y que ahora lucia bella, despues de pensar tal ocurrencia, me reí de mi misma. Noté que Ágata ya se había tardado, ya que nuevamente habia visto mi reloj de pulso, y marcaba 15 antes de las 3, así que la busqué con la vista, y descubrí que platicaba muy alegremente con un chico; pedí otra cerveza, y me la bebí casi de un sorbo, me dí cuenta de que comenzaba a aburrirme, y que ya no quería que el sujeto, que se encontraba del otro lado de la barra, me siguiera sonriendo de esa forma. Observé que Marco y Sophie, no estaban para nada aburridos, entonces pagué lo que había bebido, agarré mis cosas y me dirigí a la salida. Cuando llegué a ella, le pedí de favor, al chico que vigila, que le dijera a Marco -cuando saliera-, que me había ido en un taxi.
Me puse el abrigo, caminé hacia la esquina de la calle, luego al estar en la esquina, dí la vuelta hacía la izquierda, y aproximadamente 4 calles más adelante se encontraba la plaza central, reflexionaba sobre irme caminado hasta mi casa -mientras mantenia el paso sobre la acera-, eran vacaciones y todo mundo se encontraba fuera de la ciudad, a su vez era fin de semana, por lo tanto, las calles estaban vacías, aunque pensé en la posibilidad de que me sorprendiera un vagabundo, pero la descarté, al recordar que ese lado de la ciudad era verdaderamente tranquilo, y que por allí no rondaban. 
Había dejado atrás ya 2 calles, cuando oí que, susurraban mi nombre a mis espaldas, del otro lado de la acera:
- ¡Jazmín... Jazmín...! -. Giré de repente y descubrí que... ¡no había nadie!. La voz que me habia llamado era adictiba e hipnótica; era una sensual e incitante voz masculina.
Pero, hasta entonces no sentí miedo, así que continué camiando.
Cuando me faltaba una calle para llegar a la esquina de la plaza, escuché de nuevo esa voz, que esta vez me dijo:
- Jazmín, ¡Espérame! no te lastimaré, no esta bien que andes por la calle, a estas horas y sola -. Lo dijo de manera calida y protectora.
Entonces voltee rápido y como de nuevo no ví nada, me dirigí hacia el aire:
- ¿Por que me sigues? ¿Cómo sabes mi nombre? -. Y no hubo respuesta.
Pensé que tal vez me habia afectado tomar tanto alcohol ese día, y que quizá por eso, comenzaba a imaginar cosas, aunque tambien pensé que podría ser el tipo del bar, o que de plano era mi imaginación, y el viento colaboraba con ella. Recordé que nunca me habia puesto borracha, ya que nunca se me subia -el alcohol-, era extraño, ya que si mal no recordaba, sólo se me subía cuando corria, lo recordé por una única mala -vomitiva- experiencia.
Mantuve el paso al mismo ritmo, sólo que firme y sin detenerme, pues no temía, y no quería causarme la nausea.
Al llegar a la esquina de la plaza -desde donde podia ver el quiosco antiguo en el centro de ella, que tanto me gustaba-, sentí la helada brisa del viento y... susurraron mi nombre en mis oidos, con un vaho glaciar y de exquisito aroma.
- ¡Jazmín.... Jazmín...! -. Voltee de golpe hacia mis espaldas, y nuevamente descubrí que no había nadie, observé municiosamente la calle, o por lo menos lo que pude divisar en la oscuridad de ella.
Y me dije a mi misma en un susurro:
- Tranquila, es el viento -. Respiré profundo y me giré para seguir mi camino....
Al voltear él estaba ahí, frente a mí, esbozandome una sonrisa. No, no era el tipo del bar. Me sobresalté un poco y él dijo:
- ¡Hola! -. Me alejé 3 pasos y le dijé:
- ¡Alejate de mí! ¡Ya no me sigas! -.
- Tranquila, no te haré daño Jazmín...- volvió a llamarme por mi nombre.
- ¿Quien eres? ¿Por qué sabes mi nombre?- lo interrumpí.
- Como ya dije, no te dañaré, y soy...
- Sí, -intenté imitar su voz, con tono sarcástico- "Soy tu protector, soy tu ángel guardian", sí, ajá, lo que me faltaba, que un lunático me persiguiera -.
- Bueno, nunca me habían dicho que era un ángel guardian, si así me quieres ver, no me molesta. Aunque en realidad, ...Soy el viento -. Cuando pronunció esas últimas palabras -Soy el viento-, lo hizo de esa forma hipnótica, como la primera vez que me llamó, de una forma que me hacia sentir cómo si lo necesitara, cómo si fuera lo que siempre había esperado, de una manera que me hacía sentir que lo deseaba para mí y en mí.
Controlé los impulsos y le respondí:
- ¡Ja, ja, ja! No me hagas reír, te advierto que me se defender -. Me puse en posición de combate, aunque el lucía muy tranquilo y vestia de buen gusto, como para ser un atacante. Cuando estaba en la secundaria, habia tomado clases de defensa personal y algo de Karate y Box, ya que mi mamá habia insistido.
- Muy bien, tu ganas, te diré quien soy. ¿Recuerdas que cuando estabas en la primaria, habia un niño que te gustaba mucho, y que siempre era amable contigo, que te acompañaba siempre camino a la escuela, el que era tu vecino, pero que salía con la niña fastidiosa, la que te molestaba diciendo que tus vestidos no eran tan bonitos como los de ella, que se burlaba de tí cuando contestabas mal a una pregunta de la maestra, y que te humillaba porque llevabas lo mismo para desayunar, todos los dias?... -.
- No me digas... -.
- Aun no termino Jazzie. ¿Te acuerdas que en el día de tu cumpleaños, ella te humilló ante todo el salón, y saliste corriendo? -me molestaba que supiera eso, algo que creía que yo ya habia olvidado, aquello que me lastimó mucho cuando ocurrió, y lo único que aun me molestaba tanto de mi infancia: que hubiera conocido niños crueles y aparentemente tan frivolos como esa niña, que por cierto, ahora recordaba que se llamaba Ana- ¿Recuerdas que esa noche soñaste que Dario -me prgunté como sabía su nombre- corria tras de tí, hasta ese árbol en el que te habias echado a llorar, que limpiaba tus lágrimas, que te decia que tu eras mas bonita y que tu si eras valiosa, que a tí si te quería, a Ana no, y que te confesaba lo que tu en realidad ya sabias: que salia con Ana, solamente porque el hermano mayor de ella y sus amigos lo habian obligado a hacerlo? -.
- ¿Quien eres, cómo y por qué sabes todo eso? Yo casí lo había olvidado -. Me aleje de él, me sorprendió y me asustó que supiera eso de mí, pues eso a nadie se lo habia contado.
Se aproximó hacia mí y me tomó por sopresa cuando me agarro de la mano. Yo lo miré con la incognita en el rostro, ¿que ser era ese? ¿en verdad era mi ángel? ¿o era un extraterrestre? ¿o de plano, el alcohol me habia hecho daño por que estaba adulterado?
Luego le suplique:
- Dime quien eres, por favor, dime de donde vienes, ¿que quieres de mí?.
- Soy él, Dario. -Agregó- ¿Caminamos? -.
Respondí de manera silenciosa, y caminé. Él me colocó del lado interno de la acera, luego tomo mi mano y la depositó en el lado interno de su codo y curveó su brazo, en otras palabras, hizo que lo sujetara del brazo y me trato como si fuera una dama en otra época, y el por supuesto que se comportó como sólo un caballero -o un abuelo- lo haría.
Seguimos caminado en silencio, yo lo analizaba, no sabía si gritar y correr, o sencillamente continuar a su lado hasta mi casa. ¿Que quería él de mí?
Lo miré a los ojos y analizé su aspecto. Sus ojos eran verdes, de un tono hermoso, que en mi vida habia visto en algunos ojos, su cabello parecía dorado, pero lo observé con atención y en realidad era castaño, asi es, su cabello era castaño medio y largo hasta los hombros, su nariz era perfecta, su piel parecia suave y era blanca, su boca era mediana y carnosa a la vez, su sonrisa era tan blanca como la nieve, se le marcaba un pequeño hoyuelo al sonreir, lucia impecable con ropas en color negro y de estilo underground, sus botas me gustaron, definitivamente estaba en forma, y era mas alto que yo, como por 20 cm. y eso que yo no soy muy bajita.
Recordé que Dario no tenia los ojos verdes, pero por otra parte, el rostro del tipo que caminaba junto a mi, me parecia familiar, y me puse a pensar en ello. Noté que el olia muy bien, no era el olor de su perfume, si no su esencia personal, la cual era muy insitante.
- ¿Recuerdas que cuando estabas en la secundaria habia un chico que te atraía mucho, pero que nunca te invito a salir, y que gracias a tus amigas te habló unas semanas antes de que terminaran la secundaria? ¿Y que él día de la fiesta de salida te enteraste de que le gustabas pero él era demaciado timido? -¿como rayos sabia de Orlando?- ¿Recuerdas que esa noche soñaste que él te daba tu primer beso, y que caminaban por un bello jardín tomados de la mano? ... Yo soy Orlando.
- ¿Quien eres? ¿Por que sabes sobre esos sueños? -. Sin embargo, no me aparte de él me limite a verlo a la cara, y noté que estabamos ya muy lejos de la plaza y que llevabamos poco mas de la mitad del camino. Tambien descubrí que él no me inspiraba desconfianza, sino que todo lo contrario, me di cuenta de que sentia como si lo conociera de toda la vida y a pesar de eso, él era tan ajeno a mi, ni si quiera sabia quien era, mucho menos su nombre.
- Tu sabes quien soy. Tu tienes la respuesta -. Me dijo
Si bien ya me habia corrido la idea por la cabeza, que ese extraño ser era un ángel, mi ángel, aun no estaba plenamente segura, ya que yo siempre habia creido que los seres celestiales eran seres asexuados, o sea, que no eran ni hombres ni mujeres, para mi, mi angel de la guarda era asi: asexuado. Entonces le pregunte:
- ¿Que los angeles no eran seres asexuados? -.
Él se rió un poco y me contestó:
- Pues si, aunque no todos. Creo que eres muy inocente, mucho más de lo que pensé -.
Y aunque soné muy niña, le pregunté:
- ¿Es verdad que todos nacen con un ángel de la guarda? -.
- Pues si lo vez de ese modo, como "de la guarda", pues creo que sí -.
- ¿A que te refieres con que lo vea de ese modo? -. 
- Me refiero a que creas, que los angeles velan todo el tiempo por el bien de los humanos -.
- Si, creo que es injusto que un pobre ser, dedique absolutamente todo su tiempo en vigilar a otro, personalmente no me gustaría hacer tal cosa, así que si tu así lo quieres, pues te libero de mi yugo, el cual yo no te impuse -.
- ¡Je, je! No estan simple como crees, pero gracias, supongo que lo tendré en cuenta -.
- De nada, e insisto en tu libertad -. Y desidí sujetarlo de la mano el resto del camino.

Asumí que mi ángel se había disfrazado de hombre, pues simple y sencillamente, para guardar las apariencias ante el resto de los humanos. Continuamos caminado hasta mi casa y me contó todo lo que sabia sobre mi vida, y pues claro que no habló sobre los momentos realmente dolorosos, ya que él era el único ser que realmente me conocia, ya sea igual o aun mejor que yo, eso lo noté; y pues se limitó a no hablar de cosas que realmete no queria oir, él sabia que aun había partes de mi corazón que eran frágiles, y que me heriría al hablar sobre mi familia. Él me conocía mejor que mi madre, me conocía -casí- aun mejor que yo. Me dí cuenta de lo obvio, que básicamente me conocía por mis sueños, pues casi todo el resto del camino, él me habló sobre los sueños que en su tiempo debido, quise que se volvieran realidad. Tambien me dijó algo más, que en momento no lo entendí... pero despues lo haría.

- "El Bien no siempre es lo que parece, y a su vez, lo mismo para el Mal". Esa ley, considero que sólo es aplicable hacia los humanos... aunque quizá existan sus excepciones -. No supe que responder, no sabía si lo que acababa de decirme era algo como un consejo, o si era una advertencia, o yo que sé.
Casi nos acercabamos a la esquina de mi casa, así que al llegar a ella, se detubo, giró hacia mí, sujueto mis manos en un gesto de despedida inevitable, luego las besó y dijo:
- Hasta aquí llegué, me tengo que marchar... -.
- Pero... .- lo interrumpí y parpadee despues, y cuando abrí mis ojos de nuevo, él ya había desaparecido, tan repentinamente, que ní lo sentí. Luego pasó una corriente de aire envolvente a mi rededor, y ese frio y fresco aire tenia su aroma personal, ese aroma tan insitante, tan de él.
Me abracé a mi misma, apretando mi abrigo, y murmuré al viento...
- ¡Adios bello ser! -. Y caminé hacia mi casa, busque mis llaves en el morral, y al entrar en mi casa, aunque no supe bien por que, me heché a llorar en cuento cerré la puerta, y me deje caer sobre mis piernas. 
Después de desahogarme, subí a mi habitación. 
Al entrar en ella deposité mi morral en el perchero y guarde mi abrigo en el ropero, de repente sentí frio, me dí cuenta de que el frio de la noche, se filtraba por la ventana de mi cuarto, aunque en realidad entraba totalmente, pues la ventana estaba completamente abierta, eso me extrañó, ya que recordaba perfectamente, que habia cerrado la ventana antes de bajar a la sala, antes de irme con Rafael. Me acerque hasta ella, y la cerré. Luego de cerrarla y girarme, noté que en el marco de la puerta estaba él, con los brazos cruzados y con una amplia sonrisa en el rostro, hasta ese instante caí en la cuenta de que él, habia sido mi alucinación hipnopómpica o hignogógica, ese bello ser era el causante de esas noches extrañas, de lujuria desatada en sueños, sueños que hasta cierto punto me habian hecho sentir culpable, el rostro de aquel ser, era él rosotro que descubrí y logré ver en el último de mis sueños pasionales -o quizá deba decir lujuriosos-.
- ¿Puedo saber tu nombre? -. Le dije.
- Si, pero antes responde a mi siguiente pregunta: ¿Estas segura de lo que soy? -.
- Por supuesto, eres el ser que siempre desee tener a mi lado, y para mí, es extraño que te haya añorado toda mi vida... -.  El puso uno de sus suaves dedos sobre mis labios y de esa forma me hizo callar.
- Mi nombre, tú lo conoces, pues ya has descubierto quién soy... -.
- Eres ... Orestes -. Fue todo lo que dije, y descubrí que mi boca estaba llena de la verdad.
- Ese soy yo -. Dijo mi bello angel.
- ¿Por que te desee a ti, en lugar de que mi familia viviera? Soy una mala hija, una mala hermana... simplemente soy una maldita egoista -.
- No te lamentes por ello, creeme cuando te digo que, eso es lo que más has deseado en el mundo: Que tu familia aún viviera. Yo existo por que desde el principio de la creación de las cosas, asi se dispuso, sólo que existo a mi manera, soy un vagabundo sin rumbo, sin embargo tengo un dueño, fuí creado para tí -. Despues de hablar, me besó, de una forma... perfecta. Sabia que lo necesitaba, también lo deseaba, pero no con aquel grado de lujuria y urgencia que sentí en aquellas alucinaciones, alucinaciones las cuales soy conciente él me hizo sentir, algo incómoda por sierto, pero ahora sé que sólo fue para darme confianza en él, se que suena realmente extraño que de esa forma se ganara mi confianza, pero después de todo, él me conoce muy bien, y sabía que lo necesitaba, mi ángel sabía que esa era la única forma de llamar mi atención, e ir forjando el camino de su aparición.
Luego me dijo que no pensara más, y a su vez se disculpo por lo incomodo de las alucinaciones, aunque lo hizo con cierto aire travieso y sarcástico, más una mirada y una sonrisa culpable.
Me dejé llevar por esas sensaciones, él se perdió en mi cuerpo y viceversa. Él me hizo sentir lo que
nunca nadie antes habia sido capaz; simplemente cada poro de mi piel se estremecia cuando sus manos me recorrían, sus labios eran como la dulce piel de un durazno, cuando besaba mi cuello y todo mi cuerpo. Recorrió mi sexo de la forma más placentera que se es posible sentir. Por un momento creí que tanta felicidad, pasión y placer, se debian a que era otra alucinación, pero no era así, aquellos sentimientos, eran tangibles. Descubrí esa noche que Orestes era mío, y sólo -y todo- para mí. A pesar de que él era perfecto, y el único ser en todo el universo que comprendía mi sentir; pues lo perfecto tiene un precio, el suyo fue que estuvimos juntos sólo esa noche, o quizá estar juntos de esa forma. 
De esa noche hace un año, y Orestes -como lo haria un caballero- durmió esa noche a mi lado, toda la noche lo sentí junto a mí, pero al despertar en la mañana, como un sueño, se había ido; aunque mantuve esa exquisita sensación que se tiene todo el día, cuando tienes un buen sueño, y lo recuerdas todo él día. Ese día al despertar noté que dejó mi flor favorita sobre mi cama, la planté y floreció. A veces me visita, ya sea en sueños o por las noches, siempre es oportuno, es mi mejor amigo y mi consejero. No hemos estado en contacto como aquella vez, pero esa noche fue una de las mejores de mi vida -tal vez la mejor- y siempre la recordaré.
Y ahora salgo con Rafael, al principio fue algo confuso, pues creí amar a Orestes, quizá a si sea, pero Rafael fue hecho para mi, es muy cariñoso y me cuida, Rafael estaba en mi destino y naturaleza, fue quien hubiera amado plenamente si no hubiera probado el fruto prohibido, pues al final de cuentas Orestes está prohibido, y sólo esta destinado a vagar y esperar a que llegar el tiempo de ser juzgado. Ya que, si bien es un ángel, es uno caído.... mi Ángel Caído.

lunes, 5 de octubre de 2009

El Íncubo

Aquella noche ya era algo tarde, las calles de mi ciudad se sentían misteriosamente sombrías y heladas; lo sé, quien me mandaba andar de vaga ebria con los amigos, aunque la verdad es que ya tenia tiempo de estar recluida en mi casa, después de tantas pérdidas -tanto físicas como emocionales-, pues sólo creí que ya era tiempo de salir. Como sea, ya no hablaré jamas de mi pasado, pues él ya se encuentra donde debe estar.
Desde
días atrás recurría a mi mente una extraña fantasía, en la cual me perdía, era como consumir la mejor de las drogas, aunque es sólo una insulsa comparación, pues a pesar de que nadie lo crea, no he probado ninguna de estas; es más, estoy segura de que ese elixir, del que he sido presa, no se compara en absoluto, lo que he llegado a sentir, con droga alguna. Es algo así como un deseo de estar con alguien; pero más que un amante simplón, que recorra cada poro de mi piel con ese dulce y frío aliento, que de verdad sepa tocar mí piel, cada rincón, cada recoveco, simplemente hasta llegar hasta ese punto de ebullición, a el climax; un amante pasional que realmente sepa lo que hace y no uno egoísta, que tan solo desee saciar su propia necesidad. Si era una loca fantasía, por que creí que era solo eso, una fantasía, un deseo, y también pensé que se debía a estar recluida en esas paredes, y que la locura quería apoderarse de mí. Pero luego en sueños también aparecía de una forma rara, así es, digo rara por que no podía ver a nadie en mis sueños, solo me pareció sentirle, pero jamas rostro alguno, solo un color azul, sí, entre un azul cielo y grisáceo, sin embargo nada corpóreo. Ese ser místico que aparecía en mis sueños, saciaba todos mis deseos pasionales, sensaciones que en sueños -o en vida- jamas creí sentir, es más, los superaba, ya que me despertaba con la sensación de que había sido real. Cuando comenzó a asustarme, decidí a investigar, y en el Internet encontré: Alucinación hignogógica o hipnopómpica, creí que esa fue la respuesta a lo que me pasaba; a pesar de que aquello era común en adolescentes, niños y ancianos, o sea gente de determinada edad, que tales sueños eran en base a lo ocurrido al día anterior de quienes los padecian, aun así me tranquilizé y me dije a mi misma que si esas alucinaciones se hacían más intensas, sería momento de buscar ayuda.


Ese día decidí tomármelo tranquilamente, y como era verano, y los amigos no iban a la Uni, pues llamé a unos para que fueran a mi casa a jugar cartas, los cité a media tarde, bebimos una que otra cerveza y luego vimos películas hasta media noche. Cuando se marcharon, decidí tomar un baño, para dormir cómoda. Y así fue, dormí tranquilamente. Hasta que comencé a sentir esa invasión, pero afortunadamente me desperté; aunque esta vez, en ese sueño el ser tenia rostro, sólo logré verlo por un instante, así que mejor me propuse a olvidarlo y relajarme, y me tomé un té de azahar.
Aquel día trabajé en el jardín, pues la maleza ya estaba muy crecida, las bellas rosas lilas que tanto me gustaban
casi no se veían. Ya por la tarde, mientras leía un libro, sonó el teléfono, era uno de los amigos que habían ido el día anterior.- ¿Jazmín?- era la voz de Rafael, un chico que estubo conmigo en todo momento, cuando todo fue duro de llevar.
- Sí, soy yo Rafael, ¿Como estas?-.

- Bien, y tú hermosa ¿Como te sientes hoy?- solía
llamarme hermosa, y no me molestaba, pues se que no lo hacia con intención de burla, si no que lo decía como un cumplido, por tal razón, no me enfadaba que él me llamará así, y por otra parte era una persona que apreciaba de verdad, si no había salido con él, era por el miedo a perderle también.
- Muy bien, aun mejor que ayer. Creo que al pasar las vacaciones retomaré el estudio-.
- ¡Genial! es mas de lo que quería escuchar, muy bien de verdad, sabes que cuentas conmigo-.

- Así es, lo se, y te lo
agradezco.-
- ¡Rafa!- se escuchó a lo lejos por la bocina del
teléfono, era su padre.
- ... Lo siento, pero tengo que irme. Como noto que te sientes mucho mejor, no se si quieras ir mañana al Bar de siempre, los demás me
dijeron que intentara convencerte, supongo que dirás que sí... y además estará Erzsébet y otra banda de España que le gusta a Lucia, pero no recuerdo el nombre...-
- Claro que sí voy, sólo que supongo que ya no hay boletos, o han de costar mucho.-

- No, ¿como crees?, eso de los boletos ya está resuelto, ¿quieres que pase por
mañana?.-
- Si mañana trabajas, No. De verdad no te preocupes, nos vemos allá-.

- Pero salgo temprano, recuerda que cuándo trabajo los sábados, sólo trabajo medio día-.

- Cierto, es verdad... esta bien, aquí te espero. Mas o menos ¿a qué hora pasas por mí?-.

- Al rededor de las 9-.

- OK!, me mensajeas unos 15 minutos antes, para estar atenta a la ventana-.

- Muy bien
hermosa. Nos vemos mañana-.
- ¡Hasta mañana! ¡Adiós!
-.
- ¡Adiós!-.

El oírle de nuevo decir
hermosa, me hizo recordar el primer día que me llamó así. Estábamos en la universidad, y él entraba por el aula, yo me encontraba hacia el fondo con unos amigos, cuando de repente me llamó por mi nombre:
- ¡Jazmín!- yo volteé, para luego escucharle de nuevo...
- ¿Cómo sigue todo
niña hermosa?- dijo mientras acortaba la distancia y se acercaba hacia mí. Pero aun estaba algo lejano, por lo cual toda la clase escuchó, si no se burlaron, sólo fue por lástima, por los momentos que pasaba, creo que pensaron que sería inapropiado reírse; por lo cual, se limitaron a voltear la mirada hacia mí y tragarse la risa. Sinceramente me sentí un tanto absurda y cursi, a pesar de que yo no había dicho aquellas palabras, y sobre todo, por que nunca me gustó la miel, siempre me había empalagado. Aun así, me limité a dedicarle una sonrisa, esperanzadora y no coqueta. Y luego le conté la suerte que había tenido en los últimos días.

Ésa noche, por primera vez de tantas, de verdad dormí tranquilamente, nada alteró mi sueño; Me desperté hasta que el sol me caló en la espalda, ¡Ya era medio día!. Me levanté y me puse a lavar algunas prendas, y luego escogí lo que usaría esa noche. Desidí que para comer prepararía
Lasaña: mi comida favorita; para acompañar hice un poco de ensalada con vinagreta, y llámenme loca, pero, se me antojo beber del vino añejo francés -que alguien nos regaló en una navidad más próspera que la pasada-, con un poco de té verde, así es, mezclé ambas bebidas, y no me pareció asqueroso, para nada. No lo había notado, hasta cuando terminé de comer: me mareé un poco, ya que me bebí todo lo que había en la botella.
Aquel día me sentía extrañamente feliz, eso lo hacia diferente a los demás; mi felicidad no se debía al vino, pues caí en la cuenta, de que, el grado de felicidad era enorme, y justamente tube que descubrirlo hasta después de beber.
Caí dormida en el sillón, me dí cuenta de ello hasta cuando la hija pequeña de la vecina, me despertó, pues llamaba a la puerta. Después de atender a la pequeña, corrí a ver la ahora, eran las 7 pasadas, aun tenía buen tiempo para arreglarme. Me bañé tranquilamente en la tina, con ese shampoo, que tenía un aroma provocador a moras,lilas y rosas, ¡me fascinaba!. Luego de la hora del relax -y de que gracias al baño se me bajo el alcohol-, cepillé y sequé mi cabello, me maquillé y luego me vestí; me puse mi corsé favorito: el de terciopelo francés negro, con la orillita de seda roja, y luego me metí en los patalones de cuero negro -con los que se me veía trasero, je je-. Finalmente me puse las botas largas de charol, que era lo mas tardado de vestir por las agujetas. Al terminar de alistarme, el reloj y eran 5 para las nueve, así que me retoqué las uñas, lo sé, era un milagro que me hubiera arreglado tan pronto, lo que importaba era que lo había hecho bien y rápido, ¿no?.
Como a eso de las 9:15, Rafael me marcó y me dijo que iba llegando. Tomé mi abrigo, mi morral, y las llaves, luego bajé por las escaleras y prendí la luz de la sala, la dejé de esa manera y salí de mi casa. A penas me disponía a sentarme en el escalón que está afuera de la puerta de la entrada, cuando que Rafael doblaba la esquina en su pequeño deportivo clásico, que era un regalo de su padre, y por el cual todas las tipas locas de la escuela querían salir con él, la verdad ese tipo de interés superficial de la gente, me daba jaqueca; él no era pretencioso, por lo cual, no solía llevar su auto a la Uni.
Bien, pues abordé el auto, le dí un beso en la mejilla, aunque sé que en el fondo, él esperaba un beso en los labios; también sabía que el olor del shampoo en mi cabello lo volvía loco. Como sea, platicamos de esto y de aquello, y luego llegamos al bar.
En la entrada nos esperaban Lucia -al parecer con su nuevo novio-, Marco, Sophie, Nancy, Roy, Alessa y Ágata. ¡Oh, no! todo mundo iba en parejitas, bueno, menos Alessa y Ágata, aunque Alessa al parecer gustaba de las féminas, -de las mujeres, para que me entiendan-, pero hasta donde sabía, Ágata, pues no. Como sea, dejé de juzgar a la gente, y nos acercamos a ellos, los saludé a todos, y todo mundo se mostraron sinceros al decirme que se alegraban de verme allí. Cuando Lucy me presentó al nuevo galán, su rostro me pareció familiar, creo que era uno de los chicos que ayudaban en la videoteca de la Uni, y al parecer se llamaba Cassiel y estaba de intercambio. Entramos al Bar, transcurria la noche, la musica en vivo me ambientó, me bebí como 4 cervezas -lo sé, me comporté como una ebria ese día-, cuando noté que Rafael se dirigía hacia la puerta, con el cel en la mano, al parecer luchando por escuchar lo que le decían por el cel, lo seguí y cuando logré alcanzarlo en la salida, ya había colgado, me dijo que habían internado a su mamá, por que al parecer le había dado un paro respiratorio. Después de contarme lo ocurrido, se me fué un poquito lo borracho.
- De verdad, voy contigo -le dije-, dime en que hospital está-.
- No, Jazzie -solo los amigos solían llamarme así-, tú quédate aquí -correcto, fué una orden, y no una petición, pero lo hizo con tono cálido y considerado-. Me gusta verte así, feliz. Y aparte ya hacía buen tiempo que no salías a divertirte. De cualquier forma, mi mamá ya está bien, el peligro pasó, sólo estará en observación ésta noche; ya vez que padece de Asma, y que ella siempre ha sido muy sana, sólo la observan para asegurarse de que no le vuelva a ocurrir lo mismo-.
- Ves, por eso digo, que, te acompaño, al cabo que ya tenemos una horas aquí -ví el reloj de mano, y marcaba la 1:30 pasadas-.
- No de verdad, quédate -Ok, de nuevo insistió mucho, bueno, aunque yo también-. Le diré a Marco qué si te puede llevar a tu casa más tarde, mira, le prestó el coche y qué te lleve antes de llevar a Sophie; no traen coche, por que está con el mecánico-.

- Bueno, está bien -acepté, por que de repente noté que parecía una pelea tonta de pubertos-. Pero por favor, avísame si hay alguna novedad-.

- Lo prometo -me dijo, con un brillo especial en los ojos, y noté que extrañamente, jamás me había mentido.


Cierto, parecía como si yo quisiera de verdad a Rafael, y así era, pero también sabía que él me quería más -quizá mucho más-, de lo que yo lo quería a él; creo que eso se debía a el miedo de perderlo -como ya antes lo mencioné-, pero sobre todo, por que yo lo admiraba y le tenía un gran cariño, y ambos sentimientos, eran mayores que el hecho de quererlo.
Luego, Marco a lo lejos, notó que nos encontrabamos en la salida, y Rafael le hizo una seña para que se aproximara.

domingo, 27 de septiembre de 2009

¿Cuando surge la Belleza?


La verdad es que me hostiga el razonamiento en todo momento, pues ese noctambulismo no parecía terminar. Eternas noches en vela he pasado ya, no se cuando terminará; esa turbia felicidad que cierto día creí poseer, ya se ha marchitado, como la rosa mas bella que murió en un frío invierno en mi jardín, esas bellas rosas que sé florecerán nuevamente en mi jardín en primavera. Tristes, sí, pero al fin bellas, pues la belleza se esconde hasta en la noche oscura; solo es necesario buscarla hasta encontrar un pequeño trozo de ella, suele perderse, sin encontrarse a ella misma. La noche anterior, me pareció verla danzar en mi jardín entre la lluvia, y la he apreciado, sin que ella me viese. Cuando se marchó dejó una sonrisa en mi rostro y me hizo dormir con tranquilidad. Y me me ha hecho creer que: Belleza, es apreciar la fealdad superficial de cada ser, y a prender a reconocer lo que realmente guarda en su interior. Y lo importante es preguntarse si la felicidad, será capaz de florecer, en el siguiente huraño día, que llegará.


He aquí algo que recién escribí, con eso de que la inspiración viene y va.

viernes, 11 de septiembre de 2009

Esperanzada


Espero aquí sentada ese amanecer,
la bella alba que me parece no llegará,
pero los sabios siempre han dicho
"la esperanza muere al último",
ahora solo espero que sea verdad
disfruto mi dolor, aunque también me gustaría que parara un solo día,
toda esa turbiedad me lleva a una pregunta: ¿que es la felicidad, y que es la tristeza?
me parece conocer mejor a la tristeza, pero la felicidad me resulta ajena,
quizá solo sea abstracta, al igual que de alguna forma lo es la tristeza
Se que es el momento de crecer como persona, y que deje atrás esa rutina infantil,
pero me molesta que ninguna de mis preguntas encuentre respuesta,
y a la vez, cansada estoy ya de esperar y esperar,
... y seguir esperando y ver que no llega nada ni nadie que sea verdaderamente legitimo
y responda a mis preguntas con el simple hecho de existir.

jueves, 2 de julio de 2009

REMINISCENCIA: Expectativas de una utopista.

Cae la noche de nuevo, espero cosas que no sucederan jamas,
vuelven hasta mi mente memorias de anhelos que nunca logran tornarse realidad.
Me frustran las ancias de esa necesidad de ellas,
recuerdo los rostros de gente pasajera...
que llegarón en algun instante, y en el tiempo que dura un parpadeo se han marchado.
Esta desesperación que siento en mi interior comienza, algun día se desvordará;
me siento como un juguete viejo, abandonado a la suerte en una fria y gris habitación...
mi corazón desaparecerá de tristeza y dolor, es como si pidiera ayuda a gritos,
y todos decidieran ignorarme, como si disfrutaran y se alimentaran de mi sufrimiento,
como si no les importara que dentro de mi ser mi alma se desgarrara de impotencia y pena...
No se en que momento la felicidad se fue de mi camino, ahora ya ni se si es que alguna vez existió,
se me perdío la poción que me transportaba hasta ella; hoy se que mis ojos se han olvidado de llorar,
ya que aunque quisiera hacerlo, mis cuencas se hallan secas,
solo me queda un lejano recuerdo de la niñez, de la ultima vez que lloré.

sombras que han pasado...